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Evocación de los días de la revolución de julio de 1809 en la ciudad de La Paz.Dibujo de María Luisa Pacheco.

ANTAGONISMO EN CHARCAS

  • ¿Qué ocurría en Charcas mientras tanto?

La vida de la quieta ciudad de La Plata fue turbada por la llegada de algunos personajes que rápidamente se sumaron a las pasiones e intrigas que dividían a las autoridades de la Audiencia. El primero en llegar fue Pedro Vicente Cañete, letrado paraguayo, quien con perspicacia advirtió la debilidad del presidente de la Audiencia Ramón García Pizarro, sojuzgado por los oidores y fiscales de la Audiencia que limitaban su margen de gobernante.
Por su parte, los miembros de la Audiencia vieron en Cañete un enemigo al cual era urgente alejar para evitar su influencia sobre el presidente.

La animadversión entre este último y los oidores continuaba en aumento y se complico aun más en los primeros días de enero de 1807 con la llegada a la ciudad, como relata Gabriel Rene Moreno en “Los últimos días coloniales en el Alto Perú”, de Benito Maria Moxó y Francolí, recientemente designado arzobispo de La Plata. Su personalidad atrajo a un grupo notables que hizo de su casa un lugar de reunión. Al poco tiempo afloraron sentimientos contrarios al arzobispo como resultado de sus polémicas no solo con el oidor Miguel López Andreau, sino también con el canónigo Matías Terrazas y el alcalde ordinario Juan Antonio Fernández, quienes decidieron no tratar mas al prelado al ver que no era posible atraerlo a sus filas en sus peleas con Pizarro y Cañete con los cuales Moxó más bien mantenía buenas relaciones.

Las querellas continuaron cuando la Audiencia se puso de lado del rector de la Universidad, Miguel Salinas cuya conducta fue observada por Moxó, al igual que la del abogado Manuel Zudáñes, acusado de usar en sus escritos expresiones “insolentes, agrias y atrevidas” contra el presidente y el arzobispo. En un informe a Madrid, Pizarro señalo: “…Zudáñez, abogado de carácter intrépido, atrevido y revoltoso…”. Otro oidor, José Agustín de Ussoz y Mozi, criollo, hijo de españoles, nacido en Tucumán y enviado a España a realizar estudios, también se puso al frente de Moxó y Pizarro.

  • EL ENIGMA DE GOYENECHE

El virrey de Buenos Aires, informado de esta tensa situación, dirigió una conminatoria de entendimiento a la Audiencia y al gobernador intendente y presidente de la Audiencia, García Pizarro.

Finalmente, enviado por la Junta de Sevilla, llego el 11 de noviembre de 1808, José Manuel Goyeneche, quien apareció en la escena cargada de rencillas y susceptibilidades protocolares que busco aprovecharlas en beneficio de sus diversos intereses.

Tanto el presidente y otros personajes tomaron contacto con él; no así los oidores y el fiscal, quienes no aceptaron la representación de Goyeneche, aunque después de una borrascosa reunión los oidores reconocieron a la Junta de Sevilla. En el ínterin, Goyeneche entrego unos pliegos secretos de la Corte del Brasil tanto a García Pizarro como a Moxó y Francolí.

Pizarro consintió plenamente en sumarse a la Suprema Junta de Sevilla, la Audiencia tomó una posición diferente. Los oidores decidieron que no se “hiciera la menor novedad”; es decir, no avisar al pueblo la prisión de Fernando VII y recibir las credenciales del Consejo de Indias, pero también decidió realizar la proclamación de Fernando VII. Eso suponía desautorizar a la Junta de Sevilla.

En cambio, el presidente y el arzobispo acordaron apoyar al rey preso, dando el aviso de su encarcelamiento y realizando rogativas para si pronta libertad.

También los oidores hicieron correr el rumor de que Pizarro, Moxó y Goyeneche querían entregar las provincias de los virreinatos de Lima y Buenos Aires al dominio de la colonia portuguesa, aceptando la pretensión de Carlota Joaquina, quien decía que estando su hermano preso no se le podía considerar como rey de España. La Universidad decidió reunirse a comienzos de enero de 1809 para estudiar la propuesta de Carlota Joaquina, llegando a la conclusión de que no estaba habilitada para tomar ninguna decisión sobre un asunto de tanta importancia como ser el dominio de Portugal sobre las colonias españolas. En consecuencia, decidió no responder a dicho oficio.

García Pizarro escribió al virrey de Buenos Aires señalando que todo el malestar era ocasionado por los hermanos Zudanéz.

Así se llegó a mayo de 1809, cuando en La Plata las rivalidades oficiales y personales, las rencillas entre criollos y chapetones crearon un ambiente de gran tensión, que llego al extremo de que García Pizarro solicitara al virrey de Buenos Aires el exilio de los regidores Manuel Zudanéz y Domingo Aníbarro a fin de apaciguar y calmar los ánimos enardecidos de la capital.




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