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DEFENZA DE CALAMA

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DÍA DEL LITORAL

Por ley del 25 de marzo de 1922, se declaró el “23 de marzo” “DÍA DEL LITORAL”, en homenaje a la heroica defensa organizada por Eduardo Avaroa y Ladislao Cabrera.

Fue el año 1879 durante el gobierno de Hilarión Daza, que Chile le declaró la guerra a Bolivia porque quería apoderarse de sus riquezas como el guano y el salitre descubiertos en esta zona.

La invasión constituyo un paseo militar para los chilenos, porque el Litoral carecía de defensas y el ejército nacional tenía una insignificante guarnición. De esta manera, las fuerzas chilenas avanzaron sin dificultad.

CALAMA es el símbolo del valor, el heroísmo y la historia. Sintetiza todo lo heroico y sublime desde que se ha escrito la historia, y nos recordara siempre el coraje, el valor y el coraje de los bolivianos que antepone a todo, la sagrada defensa y salvaguardia de la heredad nacional.

Poesías sobre el 23 de marzo

El 14 de febrero de 1879, las tropas chilenas desembarcaron en el indefenso puerto de Antofagasta y tomaron posesión de el en nombre de su gobierno y sin previa declaratoria de guerra.

Los bolivianos desalojados de Antofagasta, se concentraron en Calama.

El jefe del ejercito chileno, Sotomayor anoticiado de estos aprestos y de la resolución de los bolivianos de hacerle frente en Calama, envió a su ayudante Ramón Esprech, a parlamentar con el jefe de los defensores de Calama. El enviado se presentó ante Cabrera el 16, de marzo de 1879, y le intimó rendición con estas palabras “Entregad la plaza y se os concederá toda garantía y seguridad, para vos, para los vuestros y el vecindario de Calama.

Don Ladislao Cabrera, le respondió altivo: “Jamás se rinde un boliviano” “Estamos resueltos a sacrificar nuestras vidas por la patria, pero a rendirnos, jamás.El Dr. Ladislao Cabrera asumió la jefatura y dirección de la defensa, siendo nombrado segundo jefe Don Eduardo Avaroa y como tercer jefe el coronel Lara.

El 23 de marzo se presentaron en Calama l.500 hombres de las fuerzas invasoras con cuatro ametralladoras, más de diez piezas de artillería, y atacaron la plaza con ametralladoras y cañones. Los bolivianos, dispuesto a defender el honor nacional y la integridad de la patria, sumaban apenas 135 valientes, armados con 43 rifles y algunas carabinas. En condiciones tan desiguales se entablo el combate.

El puente del Topáter, sobre el río Loa, Los nuestros hicieron retroceder al enemigo por tres veces, pero la superioridad chilena en armas y números de hombre, inclinó el fiel de la balanza a favor de los invasores.

Los bolivianos cayeron fieles a su bandera. Sólo quedó Don Eduardo Avaroa sobre el puente del Topáter, el último baluarte de los defensores rodeado por las fuerzas chilenas y no sabiendo en que dirección disparar, oyó una voz que le decía: “Ríndase y le concedo la vida” el bravo Avaroa se yergue como un titán; la sangre le cubre los párpados y la barba. Con la presteza de un león descarga los últimos tiros de su fusil y sigue accionando su inútil arma. El chileno Souper le intima otra vez la rendición. Entonces se produce la siguiente escena: Avaroa, haciendo girar con rabia su rifle inutilizado, lo arroja al oficial enemigo, diciendo: ¿Rendirme yo’… ¡que se rinda su abuela, carajo¡

Una descarga cerrada es la respuesta del invasor. Avaroa cayó acribillado. Sólo entonces, sobre los cadáveres de los defensores, pudo pasar el grueso del ejército chileno, apoderándose de Calama. Y así comenzó la usurpación araucana de nuestro territorio.


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