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EL FORTALECIMIENTO DEL BLOQUEO MINERO

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Después de que Belzu y Córdova radicalizaran la política proteccionista, tanto por la vía arancelaria como por la monetaria, Linares inicio un proceso de liberalización comercia l que seria ampliado mas tarde por Achá. En 1858, Linares rebajo los aranceles sobre el tocuyo, que Belzu había fijado en 40% para las aduanas terrestres y en 20% para la de Cobija, al 15,5% y 12,5%, respectivamente. El presidente justifico la medida argumentando que los anteriores aranceles, en vez de fomentar la producción nacional de tejidos, solo habían alentado el contrabando. Linares también anulo la prohibición que Belzu había dispuesto (pensando alentar la metalurgia en el país) para la exportación de barrilla de estaño. La exportación de barrillas de cobre y plomo también fueron permitidas.

Sin embargo, Linares, en su afán de combatir el contrabando de pastas de plata, y tras haber aumentado los precios de compra en los bancos estatales de rescate reglamentado las penas para los defraudadores, decreto el monopolio estatal de la importación y distribución interna del azogue en 1859. Por último, Linares, sometido a fuertes presiones del gobierno peruano y del bloque minero-comercial, se atrevió a tomar la historia decisión de suspender la acuñación de moneda feble a partir de 1860.

Achá dio continuidad al proceso de liberalización comercial y saneamiento monetario comenzando por Linares. Durante su administración no se adultero la moneda, y en 1863 se aprobó una reforma monetaria en el marco del sistema decimal. La unidad monetaria del país seria el boliviano de plata de 100 centavos. La nueva moneda se comenzó a acuñar en enero de 1864. En 1861, Achá cancelo el monopolio estatal sobre la importación y distribución interna de azogue que había decretado Linares.

En 1864 los aranceles de importación se rebajaron todavía más. El tocuyo y otros tejidos de algodón pagarían el 16% ad valorem, mientras que sobre los tejidos de seda, lino y lana y la ropa cosida se tenia que pagar el 20%. Los licores, calzados, cueros y pieles. Cristalería, loza, perfumería, talabartería, conservas, tabaco, sombreros, fósforos y velas también pagarían el 20%. El azogue pagaría el 3%. Cobija continúo disfrutando de un arancel de fomento, pero la novedad fue la concesión de la administración de la aduana de este puerto a la iniciativa privada.

Poco después, el 5 de septiembre de 1864, el gobierno de Achá firmo un acuerdo comercial con el Perú. Este convenio permitiría estabilizar las relaciones bilaterales por largo tiempo. Pero comprometía la independencia aduanera de Bolivia. En virtud a este acuerdo, Bolivia renunciaba a cobrara derechos de internación en sus aduanas terrestres sobre las mercancías ultramarinas que llegaban al país por Arica. Estos derechos serian cobrados en Arica por autoridades aduaneras del Perú, conforme el arancel peruano. En compensación, el Perú pagaría a Bolivia la suma de 450.000 pesos anuales. Bolivia se obligaba, asimismo, a adoptar el arancel peruano, con una rebaja del 33,33%, en la aduana de Cobija. Se acordó, además, el libre comercio de mercancías entre ambas naciones. Este tratado, que tendría una duración de cinco años, fue puesto en vigencia a partir de 1865 y se renovó en 1870. Bolivia perdió así su independencia aduanera en este período.

Los intereses mineros comenzaron a hacer escuchar nuevamente su voz a mediados de la década de 1850. El ambiente ideológico esta vez era mas propicio para realizar reformas liberales. Al promediar el siglo, las doctrinas liberales habían cobrado renovado vigor en Hispanoamérica, y un influyente grupo de políticos e intelectuales bolivianos se adhirió a ellas con entusiasmo. En el inicio de los años sesenta se discutieron varas propuestas de modernización para el país. Los debates mas intensos se produjeron en torno a la adopción del sistema métrico décimas, el saneamiento monetario, la abolición del monopsonio estatal sobre las pastas de plata, las reformas tributaria y arancelaria, y la abolición de la propiedad comunera de la tierra. Las posturas liberales se irían imponiendo gradualmente.

En principios, los mineros trataron de influir indirectamente en el ánimo del Congreso Nacional: fundaron periódicos, editaron folletos y organizaron foros con el afán de promover su proyecto. Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo se fueron convenciendo de que solo lograrían alcanzar sus objetivos si participaban más activa y directamente en política. Este cambio de actitud se hizo notorio tras la caída de Melgarejo (15.01.1871). Las fuertes presiones que ejerció el bloque minero-comercial en el Congreso de 1871, para que se aprobaran la conversión de la monedad feble y la abolición del estanco estatal sobre las pastas de plata, no tenían precedentes. Algunos de sus miembros mas connotados lograron ser elegidos y se situaron en comisiones importantes. La de Hacienda estaba presidida nada menos que por Avelino Aramayo, uno de los empresarios mineros más importantes de la época.




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