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LA MÚSICA DE LA GUERRA DEL CHACO

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Jenny Cárdenas V.

LA MUSICA MESTIZA

Desde el inicio mismo de la guerra fue un elemento determinante fueron las bandas del ejército el eje fundamental para mantener la moral en alto de los combatientes, apelaban a la emotividad y despertaban el fervor patriótico.

El reforzamiento moral que ejercía en los soldados, así como la distracción y distensión que significaba ese ansiado descanso de escuchar música hacía de las bandas un elemento-parte de la “logística” militar de la guerra. Por ejemplo, las marchas “Pabellón Tricolor Boliviano” de Adrián Patiño, la “Cruz de hierro” de autor extranjero, los boleros de caballería “Despedida de Tarija” y “Terremoto de Sipesipe” de Albornoz, las marchas de Francisco Suárez “Talacocha”, “Tiahuanacu”, “Ayacucho”, han quedado como símbolos y testimonios de la guerra.

Junto con estas particulares formas de música “militar”, también comenzó a tocarse un repertorio de música criollo-mestiza o boliviana. Poco a poco, con el cambio de siglo y las modas, se incluyeron algunos Fox-Trots, tangos y otros ritmos de moda (One-Step). Si bien, el fox-trot era de afuera, es innegable que desde la creación de los foxtrots inkaikos de Adrián Patiño se abrieron espacios a nuevas expresiones de creación musical propia e innovadora.

Sin embargo la música criollo-mestiza, estaba marginada de los escenarios públicos y ‘cultos’. Era la música de ‘cholos’. Contrariamente a este hecho, innegable entre quienes vivieron esos años, este género, había llegado a una madurez estética representada en la obra y creación de Simeón Roncal (1970). La figura de don Simeón Roncal era ya una figura conocida y respetada por los años del 1900 por sus hermosas cuecas. Años después y durante la Guerra del Chaco, las Retretas incluyeron con mayor frecuencia géneros de música criollo-mestiza.

Los nombres de los grandes de verdad compositores de música criollo-mestiza comenzaron a conocerse. Miguel Angel Valda, José Lavadens, Adrián Patiño y por supuesto Simeón Roncal. Ciertas cuecas, por ejemplo la cueca de Miguel Ángel Valda, “Destacamento Chuquisaca o infierno Verde” con letra del poeta Octavio Campero Echazú y otra que se popularizó como “Destacamento 111” fue publicada bajo el título de “Cueca Histórica”, sirvieron de despedida del Destacamento de soldados chuquisaqueños que se iban a pelear al Chaco, el resultado de esta experiencia traumática que significo la guerra del Chaco, abrió puertas a una profundización de las expresiones mestizas, por ejemplo en la música, que después de la guerra se llegó a escuchar mucho más que antes de ella.

LA RADIO Y LA MUSICA

La aparición de la radio fue el paso e instrumento necesario par consolidar la emergencia y desarrollo de la música criollo-mestiza, alentó la necesidad de expresión de las clases populares: esa identidad cultural, que emergía de la guerra y que más tarde seria el símbolo de una mayoría urbano-mestiza que vanguardizó la revolución nacional del 52.

El 15 de julio de 1933, se inaugura en La Paz “Radio Illimani”, creada por la necesidad de mantener informada a la población sobre los acontecimientos de la guerra y contrarrestar la propaganda enemiga. Los artistas de ese momento, por ejemplo, el trío “Lavadenz, Solares, Zárate”, “Julio Rendón”, “Dúo las kantutas”, “Alberto Ruíz y su ira incaica”, “La Orquesta Parra”, “Duelo Aimara-Illimani”, “Orquesta Kuna Wara” y años mas tarde las actuaciones de “Don Simeón roncal”, el “Trío Re-Fa-Si”, “Gilberto Rojas y su conjunto” etc. Fueron frecuentes y acostumbradas.

La música criollo-mestiza tuvo un papel totalmente distinto de las otras expresiones musicales. Antes que parte del folklore esta música fue una expresión funcional a la existencia misma de un sector social y en torno a un periodo histórico definido. La música criollo-mestiza era el resultado y necesidad expresiva de los desgarramientos y contradicciones de un sector de la sociedad que en realidad era muchos, porque desde sus primeros atisbos deambulo entre los salones de la aristocracia hasta en las chicherías que esas mismas aristocracias execraban.

Que la música criollo-mestiza fue también utilizada para exacerbar los chauvinismos nacionales es evidente. Eso, nos parece, hace parte de la complejidad del hecho musical en la guerra del Chaco y a lo largo de toda nuestra historia republicana Arma de dominación, a veces, arma de liberación, otras, y expresión de vida cotidiana, en los intersticios de la lucha social, la música criollo-mestiza es, ni duda cabe, un acápite importante en la vida social de nuestros pueblos.




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