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LA PLATA: UNIR DOS OCÉANOS

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La fundación de La Plata (Chuquisaca) tuvo fundamentalmente como origen motivos de orden político y estratégico, para facilitar la ocupación en dirección sur, hacia el río de La Plata, con el ambicioso propósito de establecer una comunicación entre los dos océanos (Mar del Sur y Mar del Norte, como se los llamaba entonces). Muy pronto la proximidad a las riquezas del Cerro de Potosí, convertirían a la Plata en el centro político y administrativo de una vasta región.

LA AUDIENCIA

El pacificador Pedro de la Gasca fue el primero en hacer notar la necesidad de crear una Audiencia en la Plata “porque desde aquí hasta el fin de lo que esta descubierto hay mas de quinientas leguas”. El consejo de Indias acepto ese criterio en 1555. Pero, según el virrey del Perú, con la de Lima sobraba para la administración de justicia. Quien sabe si seria mas lógico fundarla en Santiago “que esta mas lejos”.

El consejo insistió en primer parecer y encargo al virrey establecer la jurisdicción del tribunal, fijándola en cien leguas a la redonda, además de Tucumán, Atacama, Buenos Aires, Paraguay, Moxos y Cuzco. Designo su primer presidente a Pedro Ramírez de Quiñones, un antiguo Oidor de la audiencia de Guatemala, y dispuso que mientras este se constituyera en el lugar ocuparía su puesto el Oidor Juan de Matienzo (1561).

JUSTICIA Y GOBIERNO

Como las demás Audiencias de las colonias españolas, la Audiencia de La Plata o Charcas, compuesta por un presidente y cinco Oidores, era un tribunal de segunda instancia (la tercera correspondía al concejo de Indias en España). Su posición central en medio de un territorio tan vasto le dio también de hecho atribuciones en materia gubernativa.

Fuera de la administración de justicia, sus atribuciones principales eran velar por el buen trato a los indios, aprobar los aranceles, dirigir la Academia Carolina, administrar bienes de difuntos y hacer cumplir las disposiciones del Concejo de Indias. Sin embargo, su poder iba a veces mucho mas lejos, como cuando por voluntad de los Oidores se fundo la Villa de San Felipe de Austria y Asiento de Minas de Oruro.

Existía un hondo sentimiento religioso muy español y muy peculiar: Pizarro que después de haber ordenado la muerte de Atahualpa manda rezar misas por el alma del Inca; Diego de Almagro, que se sabe condenado a muerte, demora astutamente su confesión porque quiere ganar tiempo y confía o tiene la esperanza eh que por escrúpulos religiosos Pizarro no se animara a hacerlo morir sin recibir su absolución. Eso no se hace con un cristiano.

Hubo también en los conquistadores débiles prejuicios raciales no solo cuando aun no habían llegado al Nuevo Mundo mujeres de la península española, sino a lo largo de los tres siglos de ocupación. De una manera general, hubo también entre ellos una carencia de escrúpulos en su comportamiento con los indios y que origino actos de violencia y crueldad porque actuaban con toda libertad, en un mundo que era de ellos sin una sociedad que los censurara. ¿Quién podía criticarlos en ese momento en el Nuevo Mundo? Se dirá ¿Y Bartolomé de las Casas? Si, pero fue una voz aislada.

Para formar parte de la hueste, de la hueste indiana, se exigía tener sangre “limpia”, sin mezcla de moro, judío o hereje, no haber sido condenado por el Santo Oficio, ni ser gitano. Los extranjeros no podían obtener “pase a Indias”. El enganche era voluntario, pero preferente para el soldado con armas y caballos.

Aspiraron casi todos a eludir a las autoridades intermedias y a depender directamente de la Corona, tanto como eso era posible. Fue también común a muchos de los conquistadores un deseo de alcanzar notoriedad y fama. Comenzando por Cristóbal Colon, el almirante dejo testimonios escritos de su afán de gloria. Diego de Almagro escribió alguna vez “Nuestro puposito fue y es servir a Vuestra Majestad… porque tuviese noticia de nosotros y no honrase” y en México, Bernal Díaz del Castillo: “Para que mis hijos y nietos/digan/ estas tierras vino a descubrir y ganar mi padre a sus costa”. Eran hombres que traían consigo algunos rasgos del Renacimiento y quien sabe si también, de cómo se ha dicho, de las Cruzadas.




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