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POESÍAS POR EL DÍA DEL MAESTRO

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LA NUEVA MAESTRA
De:
Oscar Alfaro

Las niñas 
Morenas 
Enfloran              Y cantan 
La escuela…           Y vuelan
                      Lo mismo 
                      Que abejas. 
Del campo
Ya llega
La linda              ¡Que joven! 
Maestra.              ¡Que fresca! 
                      ¡Que dulce!
                      ¡Que buena!... 

Despiden
Sus trenzas
Perfume               Sus ojos
De huertas.           Reflejan
                      Ternuras
                      Inmensas.
Y su alma
De estrella
Alumbra               Las niñas
Mi tierra.            Morenas
                      La abrazan
                      Y besan. 
Y zumba
La escuela
Como una
Colmena.















MAESTRO
Por:
Vicente Donoso Torres

 Paciente obrero, silencioso y sano,
anunciador de días venideros
desborda sin reparo en los senderos
el fresco manantial de tu alba mano.

No retrocedes ante el vulgo vano
ni temes a los hombres traicioneros,
que siendo los amores verdaderos
de un aletazo salvan el pantano.

Como soldado de la paz que crea,
con el soplo fecundo de la idea
la bella humanidad del prevenir.

Asciende sin cesar por la altura cumbre,
al vivo resplandor de aquella lumbre
buscando el nuevo sol que ha de surgir.

MAESTRO MÍO
De:
Ángel Peñaranda

     Pusieron en tus manos
     lirios y azucenas;
     si acaso no los cuidas,           Pusieron en tus manos
     se marchitarán mañana.            Las almas infantiles,
                                       Si acaso no lo guías
                                       Se irán por la maldad.

     Tu lema es algo grande,
     LA CIENCIA Y EL SABER
     Tus hijos son los niños           Enséñales, pues, maestro
     que quieren aprender.             y hazlos comprender 
                                       que luchar es la vida 
                                       y ya deben aprender

     Tú enseñas en silencio,
     no esperes recompensa,
     recuerda que Judas                La escuela es tu calvario,
     a Cristo traicionó.               a veces duras espinas
                                       tienes que recoger…
                                       ¡Esa es tu vida! ¡Tienes que seguir!
     ¡No importa, maestro mío!
     En ese perpetuo purgatorio;
     contra la amarga necedad
     luchar es tu vida, buscando la verdad.




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