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POESIAS DIA DEL LITORAL

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LITORAL CAUTIVO
De: Beatriz Baldiviezo

Tú vendrás a mi casa que es la tuya
Aquí habitan el silencio y la distancia
las gaviotas no alcanzan ni con la mirada
el calor y la floresta.

Su vuelo está cortado como corta el cielo la montaña solitaria.
Sólo el sueño lejano y olvidado surca el mar desconocido
como un huérfano abandonado en mitad de su tristeza.
La sal de mis venas y el ímpetu de mi anhelo
tiene, sin embargo, el sabor de las olas que pugnan por romper
el muro de la sinrazón que separa, de un tajo imaginario
la raíz del follaje florido que recorre el universo sin fronteras.

Litoral irredento, gota a gota en el desierto
vierte lágrimas que buscan a la madre en medio de su angustia
secretos surtidores que llegan hasta mi umbría nostalgia de selva
privada de mar, luego de abiertos horizontes que no tenga mordaza
ni reconozca derecho a la fuerza y al escarnio.

No hay límites que puedan privarle a la brisa de caracolas mojadas
en playas lejanas, más allá de las montañas, hermanarse con el céfiro
caliente de selvas y montañas, que trema en nuestras venas
y se vuelve aire de ardiente esperanza que hincha el pulmón universal
como velamen abierto a la libertad infinita de surcar la historia sin temores.

Mar nuestro, arrebatado cada día, al niño que navega barquitos de papel
en sueño de capitán venciendo a las tormentas y descubriendo la luz eterna
de la felicidad a rienda suelta, sin límites, ni tratados ominosos
que le han puesto una pared a la vida, despertando el odio y la discordia.
Yo canto al mar que no se detiene con grilletes ficticios y absurdas fronteras.

El mar no tiene dueños
es nuestro y de todos
como nuestros son los ríos-surtidores que le dan nacimiento
¿Quién ha de quitárnoslo? ¿quién?

¿Si es la esencia que vierte nuestro destino natural en geografía sin fronteras?
Si en cambio les privamos de la sal y del agua, arrebatándoles esa fuente
fabricaríamos un mar para adentro y dejaríamos un desierto infinito
en el que agotarían su injusta soberbia, insolada y solitaria.

Mas no es venganza lo que nutre nuestro anhelo
Como la arena, las leyes nacidas de la guerra, se harán polvo del olvido
el día en que el amor y la justicia se apiaden de este mundo.

Entonces, Litoral, vendrás a mi casa vestida de amapolas celestes
más pronto de lo que sospechan quienes te han condenado al cautiverio,
comerás en mi mesa el banquete del reencuentro feliz
reconocerás en mi voz tu propio aliento
como el hijo pródigo que trae el mar y los peces
para nutrir a los suyos de alegría y de risas
para siempre.




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