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TIWANAKU - ORÍGENES DEL ESTADO

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Dibujo De vaso Retrato modelado en cerámica. Cultura Tiwanaku













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Mapa que muestra la extensión territorial del Estado de Tiwanaku, segun el proyecto arqueológico W.Jawira

Oswaldo Rivera Sundt

Director del instituto nacional de arqueología. Profesor de la Universidad Católica Boliviana. Co-autor de historia de la arqueología de Tiwanaku.

Dieciséis siglos antes de Cristo, Tiwanaku era apenas una aldea entre miles de aldeas que se repartían el inmenso espacio altiplánico y valluno en el corazón del mundo andino.

UN NOBLE ANIMAL

Las iniciales características de su organización social se remontan a un grupo humano indiferente que miles de años atrás, en este mismo escenario, había pasado de la etapa del nomadismo a la trashumancia, gracias al acercamiento que tuvo a un animal que con el tiempo le acompañara durante toda su trayectoria y que compartirá con el hombre un mismo destino: la llama. Su domesticación paciente en el transcurso de milenios permite que haya sido considerado como un animal de uso universal, del cual el hombre ha explotado racionalmente todas sus partes: lana, cuero, carne, hueso, sangre, grasa, excrementos suyos, han sido utilizados como parte importante de su entrega, así como su presencia ha sido fundamental para el transporte. El hombre andino fue consciente del rol que desempeño el noble animal; por eso es que, en la escala ascendente de su evolución social, ha plasmado innumerables evidencias arqueológicas que denotan su existencia, la enorme importancia que tuvo incluso para la formación del pensamiento andino. Desde las más lejanas pictografías del periodo formativo, hasta los más sublimados bajo relieves que acompañan a la escultura lítica de Tiwanaku, su presencia es constante e indiscutible. Tal parece que le enseña al hombre a percibir la dimensión del espacio geográfico, haciéndolo dueño del mismo, y a tener una apreciación del tiempo, ayudándole a comprender no aquel de los ciclos diarios o anuales, sino el trascendente, el que marca el pasado, el futuro y el pequeño puente que los une que es el “aquí y ahora”, expresado bellamente con el termino Taypi Pacha.

Los antecedentes que unen a Tiwanaku con el resto de las aldeas son comunes. El hombre precolombino se convierte en sedentario, gracias a la domesticación de las plantas. Los grupos humanos se van repartiendo el espacio geográfico ubicando sus residencias en torno a aldeas, alrededor de los grandes lagos. La ganadería de llamas y alpacas continua siendo de verdadera trascendencia para la vida diaria, por todo lo que el animal le ofrece, y porque en ella se basa el comercio interaldeano que le permitirá, no solo el intercambio de sus excedentes, sino el enriquecedor contacto con los hombres de otros ayllus, intercambiando experiencias, conocimientos y tecnologías.

El intercambio andino en tiempos del formativo, hay que verlo desde diferentes puntos. En lo económico permitirá que aquellos ayllus que tenían algunos bienes en demasía, puedan transportarlos hacia otras regiones donde no los había. Este es el caso del comercio de la sal hacia el altiplano norte, los valles y yungas. También puede notarse la explotación del hialobasalto, pétreo material con el que se lograban las azadas que servían para la confección de instrumentos agrícolas. Volúmenes apreciables de pescado seco procedentes del Lago Titicaca, junto a la carne deshidratada de llama (charque y chalona), amka (nombre nativo de la papa), chuño, tunta, apilla (oca), isaño, kaya, quinua, kañahua, tonko (maíz), tarui y otras especies, salían de un medio para penetrar en pisos ecológicos diversos a cambio de coca, yuca, racacha, camote, walusa, kuymi (amaranto), ají, frutas como la chirimoya, el pakay o la lukma. Por otra parte, ha sido fundamental el intercambio de semillas, o el traslado de las mismas de una región a otra, lo cual en el tiempo trajo consigo la importante variedad genética de la que es hoy poseedor el mundo andino. En lo social, permitió que se formara una trama de lazos sanguíneos mediante el matrimonio exogámico y el consiguiente parentesco con miembros de aldeas alejadas. Tecnológicamente, cualquier innovación de conocimiento era transmitida, haciendo que la cultura fuera uniforme.

Los pueblos andinos de este momento, si bien entraron en un sistema de vida aldeano, no perdieron la costumbre de visitar otras regiones geográficas. Durante algunos meses del año, preferentemente en los que siguen a la cosecha, acompañados de llamas cargadas con productos del medio, se daban la tarea de transitar desde sus sectores de origen hacia otros medios. Durante los pasos de la cordillera y cada abra se constituyo en senda de vinculación. Estas sendas siglos mas tarde, culminarían en una extensa red de caminos tecnológicamente bien logrados, durante la hegemonía de la Cultura Tiwanaku. Su afiliación es preinkaica, aunque los conquistadores ibéricos los reportaron como perteneciente a los inkas.

Muy a pesar de la uniformidad, la especialización en un determinado medio. Con el consiguiente beneficio de materiales y bienes de naturaleza relativamente abundantes, es que el inicial pueblo se va diferenciando, distinguiendo los investigadores del pasado dos formas culturales: Chiripa y Wankarani. La ocupación humana de las tierras del altiplano norte, mas ricas que el resto, la presencia del Lago Titicaca y la mayor aproximación a los valles mesotermos, hacen de Chiripa un pueblo con mayor adelanto que Wankarani




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