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DICTADURAS MILITARES, LA DEMOCRACIA, GOBIERNOS PSEUDO REVOLUCIONARIOS

Etapa de las dictaduras militares.
El 4 de noviembre de 1964 se produjo en Bolivia un golpe de Estado que impuso en el poder una junta militar presidida por el general de aviación René Barrientos quien asumió la presidencia de facto, iniciándose de esa manera el inicio de gobiernos militares. En primer lugar, se dio lugar al poder militar, mediante el cual las Fuerzas Armadas empezaron a sobrepasar sus funciones específicas y, asumiendo roles políticos tomaron el poder con la fuerza de las armas. En segundo lugar, se trató casi en su totalidad de gobiernos de facto. En tercer lugar, con las excepciones de los gobiernos militares de Ovando Candia y Juan José Torres, los gobiernos siguieron una ideología anticomunista, dentro del contexto internacional de la Guerra Fría. Su posición terminó aliada a la llamada “Doctrina de Seguridad Nacional”, que implicaba una lucha sin cuartel contra la llamada guerra insurgente. La idea de la existencia de un enemigo interno que no era otro que el comunismo, promovió en las Fuerzas Armadas y, en los gobiernos de turno, una represión contra todos los movimientos de izquierda, fueran estos armados o no. De esta manera se reprimió a las guerrillas urbanas y rurales del Ejército de Liberación Nacional, pero también a los dirigentes sindicales, los obreros y los estudiantes universitarios. Si bien existen profundas diferencias entre estos gobiernos, con proyectos nacionalistas y de izquierda y con un largo y desalentador proceso de retorno a la democracia, los gobiernos más largos fueron precisamente los que pueden considerarse dictaduras, fundamentalmente los dirigidos por René Barrientos Ortuño, Hugo Bánzer Suárez y Luis García Meza.
Es durante el reflujo de la revolución que cobra relieve la política de los Estados Unidos. A diferencia de la actitud agresiva e intervencionista frente a otros estallidos revolucionarios de la década de los ‘50 del siglo pasado, el gobierno de Estados Unidos comprendió rápidamente que era conveniente apoyar al MNR en tanto éste sea dique de contención de las masas movilizadas. La ayuda financiera estadounidense, orientada en un primer momento al suministro de alimentos, pronto fue dirigida a la reorganización del ejército boliviano, totalmente destruido por los mineros insurrectos en abril de 1952.
Estas fuerzas armadas renovadas tenían características distintas del antiguo ejército oligárquico. Debajo de un tibio barniz nacionalista, estarán profundamente trabajadas por la doctrina y el entrenamiento militar estadounidense, a través de la Escuela de las Américas y la Doctrina de la Seguridad Nacional. Barrientos fue, a su manera, un típico representante de este nuevo poder militar. Sus orígenes fueron humildes. Mestizo cochabambino quechua-hablante, fue uno de los jefes del aparato militar clandestino del MNR durante las jornadas de abril de 1952. Triunfante la insurrección, fue designada para pilotear el avión que llevó de regreso a su país a Víctor Paz Estenssoro, exiliado en Buenos Aires. A principios de los ‘60 su figura se hizo popular en los valles cochabambinos, los que recorría en su helicóptero, sosteniendo largas entrevistas con dirigentes campesinos. Fue en estos años que se gestó el llamado “Pacto militar-campesino”: a cambio de la protección y el mantenimiento de los repartos de tierras, los sindicatos campesinos oficialistas ofrecían su apoyo a los jefes militares, de esta forma logrando enfrentar a sectores urbanos y mineros en contra de los órganos políticos de izquierda.
Para 1963, el ascendiente Barrientos fue elegido vicepresidente de la fórmula encabezada por Paz Estensoro para las presidenciales de 1964, y tenía ese cargo cuando lideró el movimiento contra el gobierno del que formaba parte. Por lo tanto, si bien el golpe militar de noviembre de 1964 derrocó a un presidente electo y modificó el régimen político, en el plano social y económico hubo una continuidad con la política del MNR: represión a los mineros y alianza con los campesinos.
En 1967 el gobierno de Barrientos se enfrentó con la guerrilla del Che Guevara. Se ha enfatizado en libros y películas la intervención de la CIA en la represión de la guerrilla y en particular, en la muerte del Che. La CIA jugó un papel relevante en lo concerniente al entrenamiento militar y la inteligencia, pero la persecución y aniquilamiento de la guerrilla estuvo a cargo de tropas bolivianas. En la noche del 7 de octubre de 1967, se recibió en la Oficina del Comando del Ejército en La Paz un cable cifrado, procedente de la Jefatura de la VIII División, con sede en Santa Cruz de la Sierra. Portaba una noticia sorprendente: el Che Guevara había caído prisionero tras un combate librado en la quebrada del Yuro, cerca del pueblito de La Higuera, adonde había sido trasladado. Según las órdenes impartidas ningún guerrillero iba a ser tomado prisionero, significando que todos serian asesinados, pero el Che, aunque herido, estaba vivo, y el cable preguntaba qué hacer con él. En la junta que siguió, en la cual participaron los jefes del Ejército y del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas, generales Alfredo Ovando Candia y Juan José Torres, junto con otros altos jerarcas militares, se decidió la muerte del Che. La decisión fue aprobada por Barrientos y ejecutada al día siguiente, el 8 de octubre, bajo la supervisión en el terreno de los hombres de la CIA.
En agosto de 1971 se dio un nuevo golpe de Estado, encabezado esta vez por el jefe del ala derecha del ejército, general Hugo Banzer, quien derrocará al entonces presidente Juan José Torres e instaurará una de las dictaduras militares más sangrienta de la historia del país. Años después, será el propio general Torres, aquel que en 1967 integró la junta que decidió la suerte del Che Guevara, quien será asesinado en Buenos Aires en el marco del Operativo Cóndor, montado por las dictaduras militares del Cono Sur.
Etapa dura de la dictadura.
La situación se presentaba realmente preocupante para la política estadounidense puesto que América Latina amenazaba con la expansión de gran influencia socialista, en el contexto de la guerra fría y la pugna de las potencias por ganar esferas de influencia, era algo que no lo podían tolerar. Había llegado pues la hora de sentar mano dura y de imponer su influencia en estos países.
De este modo, en Agosto de 1971 el coronel Hugo Banzer Suárez derroco al general Torréz en Bolivia en un sangriento golpe de Estado en el que se combatió durante varias horas en la ciudad de La Paz, fue durante el gobierno de Hugo Banzer cuando la “Doctrina de Seguridad Nacional” se constituyó en el verdadero espíritu detrás de los métodos represivos. Todos sus opositores políticos, especialmente aquellos que tuvieron algo que ver con la Asamblea Popular y con el ELN (Ejercito de Liberación Nacional fundado por el Che Guevara), sufrieron la persecución, el encarcelamiento, la tortura, el asesinato, el confinamiento y el exilio. La represión que se desató no tuvo paralelos en la historia del país. Los perseguidos y prisioneros políticos fueron tratados como enemigos en un estado de guerra, conforme a lo establecido en la doctrina de seguridad nacional. Los centros de interrogatorio y campos de concentración se multiplicaron en Achocalla, Alto Madidi, la isla de Coati, Viacha, Chonchocoro, etc. Se creó el Departamento de Orden Público (DOP) como ente encargado de realizar la represión política, constituido por paramilitares que reclutaban su personal entre el hampa (el “mosca” Monroy, “Mister Atlas”, etc) y entre criminales de guerra nazis (Klaus Barbie). La tortura se institucionalizó en los centros penitenciarios de tal modo que los torturadores recibían “instrucción” extranjera para el desempeño de su triste labor. Se calcula que entre octubre del 71 y 1977 la dictadura habría asesinado a 200 personas, habrían sido encarceladas 14.750 personas por “ofensas contra el régimen”. Otras 19.140 fueron obligadas a salir al exilio de modo directo. La represión no sólo se centró en opositores políticos y dirigentes sindicales, sino que periodistas, abogados, religiosos fueron reprimidos por realizar su labor de un modo que el gobierno consideraba “subversivo”. El régimen también se ensañó contra los parientes de los opositores encarcelándolos y torturándolos para dar con el paradero de los perseguidos o conseguir alguna delación que ellos consideraban importante.