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EL ARMISTICIO ELIZALDE-MEDIZABAL IMAS

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El 2 de enero, o sea trece días antes de que Barbaducho invadiera Puno, Sucre decide enviar a su ayudante Antonio Elizalde para entrevistar con Olañeta y conocer sus intenciones. Las de este no eran otras que convencer a los vencedores de Ayacucho que permanecieran al otro lado del Desaguadero, reconociendo así el derecho que el tenia de mandar sobre el territorio liberado por sus armas. No obstante de que este hecho fue reconocido explícitamente por Bolívar y Sucre, en su correspondencia con Olañeta, lo invitaban reiteradamente a incorporarse al Ejercito Libertador como un comandante más de él.

Elizalde se reunió en La Paz con el enviado de Olañeta, José Mendizábal Imás, quien hasta ese momento seguía fungiendo como gobernador de la ciudad y la intendencia, y allí firmo un convenio del todo favorable al jefe realista. Se acordó una “suspensión de hostilidades” durante cuatro meses debiendo cada ejercito permanecer en sus respectivas márgenes del Desaguadero. Asimismo, se convino que el partido de Tarapacá (incluyendo el puerto de Arica) quedara a ordenes de Olañeta a cambio de que este incorporara al territorio de Apolobamba a la provincia de Puno.

Al respecto cabe puntualizar que es merito de Olañeta haber querido ensanchar el litoral de la futura republica incorporando Arica a ella. En ese momento, Sucre rechazo rotundamente tal propósito, entre otras cosas, por temor de que Olañeta introdujera por ahí las armas que necesitaba para librar la guerra. Sin embargo al año siguiente, ya como presidente de Bolivia, el hizo exactamente la misma proposición a través del ministro Ortiz Zeballos, y ella fue rechazada por el general Andrés de Santa Cruz en ese momento jefe de gobierno del Perú.

Olañeta hizo circular profusamente el convenio Elizalde – Mendizábal el cual desoriento a sus partidarios creándoles la falsa sensación de que Sucre respetaría el territorio que prácticamente ellos habían conquistado en 1824, segregándole de la jurisdicción del virreinato peruano. Pero Sucre lo desautorizo terminantemente, y así lo hizo conocer desde Tinta al ministro de Guerra “No tengo porque detener la marcha del Ejercito Libertador. Si gusta [Olañeta] se retire a Potosí donde puede proclamar la independencia y convocar a una asamblea de los pueblos para que decidan su suerte; entretanto el Ejército Libertador ocupara La Paz y Oruro.

La idea de ocupar el altiplano norte y central, dejando al ejército de Olañeta posesionarse del sur, la tuvo Sucre desde que inicio su larga marcha desde Arequipa. Así lo comunico el primero de enero a Olañeta, Aguilera, José Miguel Lanza, Pedro Arraya, y los cabildos de las ciudades del Alto Perú. Era una proposición transaccional que sin embargo Olañeta no aceptaba pues el se sentía como legitimo amo de las cuatro provincias de Audiencia de Charcas.

Habiendo quedado sin efecto el singular armisticio, Sucre entro a Puno el primero de febrero, dos días de cumplir sus treinta años.




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