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Un rincón de la vieja La Paz, en la zona de Churubamba. Dibujo de Genaro Ibáñez.










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"3 de mayo" (1808). cuadro de Goya sobre los fusilamientos de los defensores de Madrid. La invasión francesa fue una causa determinante para el alzamiento de las colonias españolas. Museo del prado Madrid.

“EXTRANJEROS EN LA PROPIA PATRIA”

El gobierno de la ciudad se puso en manos del Cabildo. Tanto este como la Junta, declararon fidelidad al “adorado soberano Fernando Séptimo”. Pero los rebeldes de La Paz, como lo señala Roberto Querejazu, tuvieron una audacia de la cual no fueron capaces sus compañeros de Chuquisaca; hicieron públicos, en nombre de la junta Tuitiva, dos documento sensacionales. El primero consistió en un “plan de gobierno” para que el cabildo lo pusiese en ejecución. El segundo, fue la famosa proclama a los habitantes de La Paz.

El plan de gobierno considero la partida de comisiones a diversos puntos de los dos virreinatos, para llevar la información de lo ocurrido el 16 de julio y explicar la necesidad de nuevas autoridades no comprometidas con las intrigas de Carlota Joaquina.

La “famosa” proclama ha producido una controversia, aun no terminada, acerca de su autor. Algunos la atribuyen a Monteagudo, otros con mayor verosimilitud, al cura Medina e incluso algunos niegan su autenticidad. El documento se separa claramente de otros de la época por su tono radical y firme.

Frente a estos sucesos, el virrey tomo previsiones instruyendo a José Manuel Goyeneche, a la sazón gobernador de Cuzco, preparar tropas para controlar la sublevación de La Paz, Goyeneche marcho al mando de 5000 hombres.

Murillo fue el primero en comprender la delicada situación de los patriotas, se enviaron varias cartas a Goyeneche tratando de atenuar la gravedad de las jornadas de julio y reiterando su lealtad a la corona. Sin embargo, no todos los miembros de la Junta Tuitiva tenían el mismo sentimiento conciliador. El cura Medina o Gabriel Antonio Castro eran partidarios de luchar hasta el final.167

La aproximación de Goyeneche produjo escisiones entre los revolucionarios. La Junta Tuitiva se disolvió quedando Murillo con todo el poder. A pesar de las oposiciones, este decidió entrevistarse con los emisarios de Goyeneche, con quienes acordó reponer las autoridades españolas. Esta iniciativa le valió la acusación de traición y su apresamiento.

Indaburo que se desempeñaba como jefe de las tropas, frente al amotinamiento popular y a la resistencia de los radicales de la revolución, para cumplir los acuerdos con Goyeneche, decidió el arresto de varios de ellos, entre los cuales se encontraba Orrantía, Iriarte, Rodríguez, este último fue abatido en prisión a disparos y colgados en una horca de la plaza.

Un contingente de tropas patriotas que se encontraba en Chacaltaya al mando de Castro y Mariano Graneros bajaron en busca de Indaburo a quien ultimaron, exponiendo su cadáver en la misma horca de Rodríguez.

Casto, conduciendo a Murillo preso, se retiro a Yungas a fin de continuar la lucha. Castro rechazo, cuando se encontraba en Chacaltaya, una propuesta de rendición enviada por Goyeneche afirmando que “mas vale morir en el campo de honor que en una plaza publica”.

Las fuerzas de Goyeneche se apoderaron de la ciudad y sus alrededores, después de algunas acciones, Castro fue derrotado y apresado en Irupana y al poco tiempo corrió la misma suerte Victorio García Lanza. Ambos fueron muertos y sus cabezas enviadas y expuestas en La Paz. Murillo fue arrestado en Zongo y remitido a La Paz. Los revolucionarios fueron sometidos a juicio.

La sentencia confirma los verdaderos y últimos propósitos de los sublevados que “conspiraban destruir el legítimo gobierno e inducían la independencia”. Acusados de deponer las autoridades legitimas, de quemar la documentación de la hacienda publica, de imponer su ley, los principales sublevados, Murillo, Basilio Catacora, Buenaventura Bueno, Melchor Jiménez, Mariano Graneros, Juan Antonio Figueroa fueron sentenciados a muere con ignominia; Apolinar Jaén, Gregorio Garcia Lanza y Juan Bautista Sagarraga a la pena del garrote. Varias decenas de personas sufrieron la pena de destierro.

El cura Medina, quien salvo su vida gracias a su condición de religioso, mas tarde logro huir a Chile y de allí pasar a Buenos Aires; fue diputado por Tucumán al Congreso Constituyente de las provincias Unidas.

La revolución de julio de 1809 abrió quizás prematuramente, un gran horizonte para los pueblos de América. Las razones de su éxito explican también las de su extinción. El carácter radical de sus planteamientos y la forma pública como fueron anunciados produjeron una fuerte reacción del poder colonial y, por otra partes sus propios integrantes se mostraron divididos entre los partidarios de la independencia y los moderados, debilitando así la coherencia del movimiento.

La noticia de la invasión francesa a España y las intrigas de Carlota Joaquina favorecieron la aceptación de cambios en cuanto estos parecían sostener el gobierno legítimo, pero no implicaban una transformación inmediata en los comportamientos políticos que la revolución necesitaba.




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