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LEVANTAMIENTOS EN CHARCAS

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El apresamiento de Fernando VII (1808) por los franceses fue la culminación de la etapa absolutista borónica que había comenzado en 1746.

Florencia Ballivián De Romero

Licenciada en Historia UMSA, Directora de la carrera de Historia de la UMSA, autora de José María Pérez de Urdininea

Entre los muchos acontecimientos que desataron el proceso que condujo hacia la independencia de América española se hallan las invasiones inglesas a Buenos Aires y la napoleónica a la península ibérica. Ambas fracasaron, pero con relación a las colonias constituyeron una de las causas finales del proceso emancipador.

A fines de 1806 y durante 1807 los ejércitos de Napoleón invadieron España y acabaron por forzar la abdicación de la monarquía borbónica. En mayo de 1808, en el transcurso firmado en Bayona, el Rey y el Príncipe abdicaron sus derechos sobre la corona española y sus colonias a favor de Napoleón I, quien decidió, a su vez, dársela a su hermano José. A pesar de aquellas medidas, comenzó la resistencia contra José Bonaparte y en favor de Fernando VII. En mayo de 1808, el pueblo, organizado en juntas, declaro la guerra a Francia. El 6 de junio de 1808, la población madrileña se levanto contra el gobierno controlado por los franceses. La revuelta, reprimida sangrientamente el 2 y 3 de mayo y representada en toda su crueldad por Goya, se trasformo rápidamente en una “guerra de liberación nacional”, que abarco a todas las provincias españolas. Los rebeldes consiguieron organizar una base institucional de resistencia proclamando el gobierno legítimo de los Borbones.

Conocida como la Junta Central de Sevilla, bajo su control se encontró la parte meridional de España. El régimen rebelde afirmo su legitimidad, a pesar de la abdicación de Fernando VII, y exigió la lealtad de los virreinatos coloniales.

La situación peninsular influyo en la estrategia de guerra de los ingleses que decidieron apoderarse del virreinato de La Plata. Una fuerza desembarco en Buenos Aires el 24 de junio de 1806 y no encontró otra reacción que la sorpresa de los porteños ante tal hecho. El virrey, marques de Sobremonte, incapaz de defender la ciudad, huyo a Córdoba. La situación llevo al pueblo de Buenos Aires a pedir en Cabildo el relevo del virrey, cuyo lugar fue ocupado por Santiago Liniers, militar francés al servicio de España que consiguió la expulsión de los ingleses.

Una segunda expedición británica, al año siguiente, termino con la firma de una rendición y la constancia sin ilusiones de Whitelocke, jefe de la expedición: “De una cosa puede estar usted seguro y es que Sudamérica nunca será inglesa. La tenacidad de sus habitantes es increíble”.

Las colonias americanas aguijoneadas por estos acontecimientos, que además cayeron en un ambiente intelectual penetrado por las ideas modernistas de la Ilustración, la independencia Americana y la Revolución Francesa, realizaron varios levantamientos y asonadas que ya no eran completamente novedosos, pues contaban con antecedentes previos. La situación sin embargo contribuyo a aumentar su frecuencia y gravedad.

A raíz de la invasión napoleónica, la hermana de Fernando VII, Carlota Joaquina llego al Brasil en 1808 y pronto envió mensajes a distintas ciudades americanas, haciéndoles conocer su pretensión a la corona. Esta ambición constituyo otro motivo de crisis y agitación.

La monarquía española en prisión, las juntas apoyadas en el pueblo oponiéndose a la invasión francesa y las intrigas cortesanas, mostraron a las colonias la debilidad de la metrópoli. Carlos IV en vista de estos acontecimientos decidió despedir a su primer ministro Godoy, considerado como uno de los responsables de la situación y abdicar en favor de su hijo Fernando VII (19-3-1808).

La soberanía popular apareció en ese momento como el nuevo y más pertinente sistema de legitimidad para oponerse a la crisis que atravesaba España. Paradójicamente, los instrumentos intelectuales de Ilustración y la Revolución Francesa sirvieron para combatir a los franceses. Sin embargo el proceso hubiera sido imposible sin la fuerte influencia del siglo XVIII sobre varios sectores de las elites iberoamericanas.




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