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Mariano Moreno fue miembro de la primera junta Revolucionaria argentina, después de haber estudiado en la universidad de Charcas

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Voltairé echo por tierra toda creencia del origen divino de las monarquías cualquiera que fuese.

EL TURBION DE LA GUERRA

“Moriremos si somos zonzos”.

  • El tambor Vargas

En tanto a partir de 1809, con el grito precursor de La Plata, sede de la Audiencia de Charcas, empezaron a surgir desde México hacia el sur, Juntas que, aunque jurando lealtad a Fernando VII contenían en su seno el germen independentista.
Las invasiones británicas a Buenos Aires, añosa antes, y su derrota militar a manos de milicias conformadas por criollos, fueron otro aviso de que los americanos estaban ya maduros para organizarse políticamente. En efecto, todas las Juntas americanas, crearon ejércitos y enviaron representantes a Inglaterra, Francia y Estados Unidos en busca de reconocimiento y empréstitos.

Los epicentros de la guerra se dieron en México, al norte, Venezuela, en el centro, y Buenos Aires, en el sur. Los curas Hidalgo y Morelos son los grandes protagonistas en el norte con la particularidad, en el caso primero, de que se apoya casi totalmente en la masa indígena, a diferencia de los demás movimientos hispanoamericanos protagonizados por criollos. Ambos mueren fusilados. El plan de Iguala de 1821, a tiempo de establecer la independencia de México, proclama el régimen de Monarquía Constitucional, con la oferta de la Corona nada menos que a Fernando VII o a otro miembro de la dinastía borbónica. Un año después Agustín Itúrbide se proclama Emperador, con el nombre de Agustín I, y al año siguiente declaran su autonomía de México las provincias unidas de Guatemala, El Salvador, Nicaragua, Honduras y Costa Rica, que hasta entonces habían mantenido su unidad con México en la lucha autonomista.

La gran figura precursora en Venezuela es Francisco de Miranda, militar en varios ejércitos, cortesano y, sobre todo, conspirador incansable, quien finalmente logra llevar en 1806 un grupo invasor a la tierra de su nacimiento. La “patria boba” concluye dramáticamente cuando las tropas de Domingo de Monteverde, originalmente enviadas por la Corona para destruir a la Junta de Buenos Aires, desembarcan en cambio en Venezuela y detienen en 1812 a Miranda, quien morirá años después en una prisión española. El impetuoso Simón Bolívar interviene en la entrega de Miranda y poco después emigra a Curasao junto a los demás patriotas que huían del “terror blanco” desatado por Monteverde. De allí Bolívar seguiría a Cartagena, encontrando, en Nueva Granada, el apoyo de Camilo Tórrez y Nariño, para luego de muchos avatares, retornar a Caracas en octubre de 1812 convertido ya en Libertador. El joven militar era lo mas representativo de la llamada clase “mantuana” y había heredado una de las más sólidas fortunas, lo que le permitió viajar tempranamente a Europa, espectar el apogeo de Napoleón y jurar en el Monte Aventino de Roma ante su maestro Rodríguez que liberaría a América. Los mantuanos eran partidarios de la independencia, pero pretendían que ella debía lograrse sin afectar al régimen de castas. En el caos social imperante surgen caudillos llaneros como Bobes y Morales que levantan los estandartes del Rey y siembran el terror en varias ciudades. El general Pablo Murillo, a la cabeza de un ejército despachado desde la metrópoli, logra en 1815 la rendición de los patriotas y la guerra adquiere un carácter feroz en la que ninguno de los bandos pide ni da cuartel. En 1819 el Congreso de Angostura lo elige Presidente de la flamante Republica de Colombia que unía a Venezuela, Nueva Granada y Quito. Pero Bolívar comprende que mientras se mantenga el poder español en Lima peligra la libertad de la gran Campaña de Los Andes. Su visión es además continental “para nosotros la Patria es la América” dice.

Queda como gobernante de la Gran Colombia el Vicepresidente Santander. En el sur, tras la reconquista de Buenos Aires de los ingleses en 1806, se afirma el partido autonomista que cuatro años después forma una Junta presidida por el potosino Cornelio Saavedra. En el vasto territorio del flamante Virreinato de Buenos aires quedan los focos realistas de Montevideo y Charcas. En el primero José Gervasio Artigas encabeza el asedio a la futura capital uruguaya pero sin llegar nunca a formar gobierno estable. Artigas morirá en el exilio paraguayo muchísimos años después, pero su gesta los sitúa entre las grandes figuras de la autonomía hispanoamericana.

En Charcas el arequipeño Goyeneche lleva al cadalso a Pedro Domingo Murillo y sus compañeros de gesta y acaba con la resistencia cochabambina. El primer ejército auxiliar argentino, al mando del jurista Juan José Castelli, vence a los peninsulares en la batalla de Suipacha y llega a Potosí en noviembre de 1810, aplicando a las autoridades españolas la misma receta que empleara Goyeneche con los rebeldes paceños. De vuelta al altiplano se enfrenta al ejército de Goyeneche en Guaqui sufriendo una derrota que cambiaria para siempre el curso de la historia en esta región del continente, demorando la victoria patriota por 14 años y separando para siempre a Buenos Aires del Alto Perú, en cuyo territorio surgen las republiquetas de los guerrilleros, quedando las ciudades principales en manos de los godos.

El congreso de Tucumán, al que asistieron exiliados altoperuanos, proclama formalmente la independencia argentina en 1816. El general José de San Martín, a quien después de las derrotas de los ejércitos auxiliares enviados al Alto Perú se confía el mando militar de la Republica, comprende que la fortaleza altoperuano, con su legendario torreón de Potosí resulta inexpugnable por la ruta del norte y que en tanto ella subsista se mantendrá el poder realista de Lima, y traza entonces otra estrategia con la colaboración de los patriotas chilenos liderizados por ’Higgins, cruzando Los Andes y derrotando a los españoles en Chacabuco y Maipú (1818). Con tropas argentinas y chilenas San Martín invade al Perú por el mar, eficazmente auxiliado por el marino ingles Lord Cochrane, tan ávido de gloria como de dinero, y ocupa Lima, donde es recibido como Protector.

San Martín se apoya en Gamarra, La Mar y Andrés de Santa Cruz para continuar la guerra contra los españoles que todavía dominan varias regiones del territorio del antiguo Virreinato y se han hecho fuertes en Charcas con el absolutista Gral. Olañeta. El protector no oculta sus simpatías por el régimen monárquico y tiene de asesor al conflictivo Bernardo de Monteagudo. La captura del puerto de Guayaquil por las tropas colombianas y su anexión a la Gran Colombia, crea aun mayor malestar entre la clase gobernante peruana que nunca vio con simpatía la independencia. Bolívar acababa de triunfar en Bomboná y Pichincha y ambos Libertadores acuerdan reunirse en Guayaquil, entrevista que se realiza en julio de 1822, a puertas cerradas y sin testigo y cuyo resultado objetivo es el abandono de San Martín y la entrega del mando militar al genial caraqueño.

Sobre territorio peruano también converge el ejército colombiano al mando del lugarteniente mas esclarecido de Bolívar, Antonio José de Sucre, quien libra la batalla final de la Independencia en los campos de Ayacucho (“lugar de los muertos” en lengua quechua). Sucre recibe la instrucción de Bolívar de Cruzar el Desaguadero pero sus hombres no llegan a disparar un solo cartucho en un territorio cuyas poblaciones los reciben con delirio. La Paz ya había sido ocupada por el abnegado guerrillero José Miguel Lanza quien se desplazo desde su refugio de Ayopaya. El Gral. Pedro Antonio de Olañeta perece cerca de Potosí en una refriega con sus propios hombres. Habían transcurrido 16 años en los que en el Alto Perú no paso un día “sin matar y sin morir” y a pocos kilómetros de donde se diera el primer grito de independencia en Charcas se consagraba en Tumusla, con la muerte de Olañeta (1825), el advenimiento de un nuevo país en el corazón de un continente ya liberado del yugo español.




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