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COMERCIANTES Y MERCADERES

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Comerciantes adinerados de Cochabamba. Dibujo del siglo XIX de Alcide d' Orbigny













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Con recursos privados y fondos de la Corona, en 1574 se inició la construcción de un admirable sistema de lagunas o represas, indispensable para la purificación de los minerales de plata. Detalle del cuadro de Miguel de Berrio (1758). Museo de Charcas

Los mercaderes llegaron a adquirir rápidamente un poderío económico que les permitió controlar alas actividades del Tribunal del Consulado de Lima. La riqueza los condujo a nuevos planos en la escala de la vida social porque de acuerdo a as magnitud, podían emprender otro tipo de empresas: la minería, la agricultura.

Fue en las ciudades de mayor importancia donde los grandes comerciantes, agrupados en gremios, empezaron a diferenciarse de sus mismos compañeros de actividad. La mayor cantidad de capital con que se contaba para las transacciones comerciales era lo que determinaba la categoría de comerciantes.

Los mercaderes españoles radicados en Lima, fueron los que dieron las pautas de comportamiento. Durante mucho tiempo fueron ellos los únicos que controlaron todo el movimiento comercial con la metrópoli: Cuando se abrió la ruta de Buenos Aires (primero como puerto de contrabando y posteriormente legalizando su comercio), esta gran burguesía comercial fue afectada y, conforme fueron pasando los años se vieron obligados a recurrir a otros medios para tratar de seguir manteniendo su hegemonía sobre el resto de los gremios.

El comercio del siglo XVI estuvo caracterizado por la influencia que ejercían las reglamentaciones del comercio con las Indias a través de la Casa de Contratación, los Consulados y especialmente la fluidez del tráfico entre los puertos de España con los de América. El siglo se caracterizo por la paulatina descomposición del tráfico comercial con la península, mientras que a nivel americano el comercio interregional se incremento, pese a que la administración española dictara las correspondientes leyes que beneficiaban a los productos de ultramar.

Si se toma el ejemplo de los textiles, la producción a nivel local empezó abasteciendo el mercado. La producción de los obrajes y chorrillos instalados en la América andina cubrían, en gran medida, las necesidades de la población nativa, mientras las necesidades de las ciudades eran cubiertas por las compañías de comerciantes de Efectos de Castilla.

El tráfico entre España y la América efectuado principalmente por navíos españoles se fue reduciendo constantemente hasta llegar a un promedio de poco mas o menos un navío anual, mientras el tráfico anual disminuía, el tráfico ilegal se fue incrementando constantemente. Este último hecho se debía principalmente a que el gobierno ingles apoyo la actividad de piratas y corsarios, que al margen de atacar a los navíos y flotas españolas, permitieron que la producción textil inglesa pudiera ser introducida a través de desembarcos sorpresivos o por puertos menores donde el tráfico les era más fácil.

Lima se convirtió en el principal abastecedor de mercaderías para el llamado tráfico interno, debido principalmente a que en esa ciudad se concentro el gremio mas importante de mercaderes. Todo el comercio legal fue controlado por estos grandes comerciantes, que mediante vínculos de sociedades comerciales llevaban sus productos a todas las regiones. Los contratos eran permanentes y cotidianos en la vida de esos hombres y el trato mercantil era una actividad cotidiana de todos (Glave, 1989;28).

Los sitios mas apetecidos por los comerciantes eran los centros mineros y las ciudades mas pobladas. Potosí, por su importante producción argentífera, además de aglutinar una importante población, juntamente con La Paz, pro tener en sus alrededores una población altamente potencial para el consumo, se convirtieron en las ciudades con hegemonía comercial. Junto a ellas, la Plata, el Cusco y Arequipa fueron igualmente ciudades aglutinadoras del comercio con una dinámica de complemento y de competencia. (Glave, 1989;30). Mientras Potosí utilizaba el Puerto de Arica para su abastecimiento, los puertos cercanos a Arequipa servían al mercado paceño.

Al margen de los productos de ultramar, aquellos artículos producidos en la misma región empezaron a circular en una vasta red comercial. Los colonizadores españoles supieron utilizar la infraestructura vial utilizada por los indígenas, bajo el sistema de los Tambos. Las rutas que en primera instancia sirvieron para la conquista, serian utilizadas posteriormente por los comerciantes, como vías de penetración, siendo los Tambos sitios de interconexión vial.

La producción local del vino de los valles de Potosí, la Plata y de Río Abajo en La Paz, no fue suficiente como para poder competir con la producción de los valles cercanos a Arequipa, que a la larga se convertirían en los principales proveedores de este producto.

El transporte que en primera instancia estuvo a cargo de los indígenas, como antiguos poseedores de recuas de llamas, fue pasando a manos de mestizos gracias a la introducción de la mula. La condición social de los arrieros dependía del número de recuas que disponían, y por lo general, se convertían en poderosos capitalistas y acreedores. (Escobari, 1985:43)

La coca como producto-americano fue objeto de un comercio intenso y en especial buscando los sitios en donde existía una fuerte población indígena, la tradicional consumidores de este producto, poblaciones que se encontraban centradas en torno a la minería, o regiones agrarias densamente pobladas como la circunlacustre paceña.

La producción de la coca, que antes de la conquista española estaba controlada por el Estado inca, paso a manos de los principales conquistadores como producto del botín de la guerra. La posesión de las encomiendas coqueras se convirtieron en motivo de status entre los conquistadores.

En un principio, fue la coca proveniente de la zona cusqueña la que se oferto en el mercado regional, puesto que los principales mercados eran abastecidos por estos encomenderos; posteriormente, con la aparición de pequeñas haciendas coqueras en los Yungas de La Paz, estas fueron adquiriendo mayor importancia hasta lograr desplazar del mercado de Charcas a la proveniente del Cusco.

El comercio de la coca fue compartido por españoles e indígenas. La que en pequeñas cantidades, generalmente vendían los indígenas, era conocida como “coca de rescate”, mientras que la coca vendida en grandes cantidades por criollo o españoles en los centros de consumo, era conocida como “coca de hacienda”.




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