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IV-LA ESCULTURA

Volver a: El Arte Virreinal En Bolivia

La Virgen de La Paz, imagen tallada en madera que es una de las esculturas mas antiguas de Bolivia, probablemente enviada desde España hacia 1570, pertenece al taller sevillano de Juan Bautista Vázquez.

El escultor mas conocido de Bolivia es Francisco Tito Yupanqui autor de la imagen de la Virgen de Copacabana. Este maestro aprende el oficio en Potosí, en el taller del escultor español Diego Ortiz. Yupanqui tuvo que asimilar formas y técnicas totalmente extrañas a su cultura, dificultad que el artista explica en su autobiografía; pero una vez realizada la imagen, el año 1584, se la considero una valiosa obra. Fue dorada por el escultor Vargas, que por entonces trabajaba en La Paz en el retablo mayor de la iglesia de San Francisco. Yupanqui hizo otras imágenes como la Virgen de Pucarani y la de Cocharcas. Entre sus discípulos esta Sebastián Acostopa Inca, autor del retablo mayor de Copacabana, que esta firmado por él.

Entre los escultores españoles podemos mencionar a Gómez y a Andrés Hernández Galván. Ambos ejecutan en 1584, el retablo principal de la Iglesia de La Merced de Sucre, del que queda una gran parte. Con anterioridad Gómez Hernández trabajo en Lima haciendo la sillería de la Catedral y a él se le atribuye el retablo de Ancoraimes (La Paz). Entre los escultores extranjeros se puede citar a Joseph Pastorelo, italiano de origen, y autor del retablo de la Catedral de Sucre.

A principios del siglo XVII, cuando el manierismo desaparece, se hace presente la escuela sevillana del realismo con obras de Juan Martínez Montañés y con la presencia de algunos escultores que habían trabajado en su taller; entre estos últimos esta el entallador Martín de Oviedo, y entre los discípulos podemos mencionar a Gaspar de la Cueva, artista sevillano que muere en Potosí, a decir de Arzans, atacado de ceguera, su obra, totalmente inserta dentro del realismo es de excepcional belleza. Con esto escultores trabajan algunos maestros indios como Diego Quispe Curo, autor de un Cristo atado a la columna que se encuentra en el Museo de la Recoleta de Sucre.

Como obra de escultura hay que mencionar también los retablos barrocos, como los de la Iglesia de Arani o los de La Merced de Sucre, así como los excepcionales pulpitos. Son obras donde el barroco despliega toda su fantasía.

  • LÁZARO DE RIBERA. UN ESPAÑOL DE LA ILUSTRACION

Vinieron a Charcas por distintos motivos y en diversas circunstancias, todos casi en la misma época, en los años de la llamada Ilustración Española, a fines del siglo XVIII.

Fuera de las misiones que a cada uno le toco separadamente cumplir, en Potosí, Moxos o Cochabamba, dejaron obras escritas para la posteridad.

Fueron Francisco de Viedma, Francisco de Paula Sanz, Pedro Vicente Cañete, Vitorián de Villaba, todos legítimos y conspicuos personeros de la ilustración de ese siglo. Otro fue Lázaro de Ribera, nacido en Málaga en 1756, estudioso de la ciencia matemática y ante todo lo que entonces y hasta hace poco se llamaba un “naturalista”. De personalidad tan precozmente madura, que antes de cumplir los treinta años de edad, cuando estaba en Buenos Aires, fue nombrado Gobernador de Moxos. Entre sus funciones estaba la de oponer cualquier tipo de resistencia a los avances de los portugueses.

Consciente de sus responsabilidades de gobernador, en poco tiempo Ribera llego a conocer y recorrer la grande, ignota y apenas habitada tierra de Moxos. Sus informes a la Corona eran continuos y detallados y llegaban a comprender hasta la composición musicales de los indios canichanas.

Antes de ser nombrado Gobernador Militar y Político del Paraguay, dejo a su sucesor un famoso “Plan Ribera”, concebido y redactado para lo que el consideraba una mejor administración de Moxos.

Ninguno de sus escritos tan renombrados como las Descripciones exactas e historia fiel de los indios, animales y plantas de la provincia de Moxos en el virreinato del Perú, 1786-1794, recientemente editadas en forma impecable en España y sin ninguna difusión en Bolivia.

Las descripciones fueron acompañadas por Ribera (y esa seguramente es su parte más valiosa) con unos dibujos atribuidos a Manuel Oquendo, de una impresionante belleza. Allí están los pobladores moxos, canichanas, yuracares, o apolobamba con sus instrumentos de cultivo, sus flechas, sus telares, así como los animales, árboles plantas, ríos y montañas de la región. Todo un bello testimonio grafico de la vida, en esas tierras, que Ribera encontró en el octavo día de la creación.

A.C.R.




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