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GOBIERNO DEL MARISCAL JOSE BALLIVIAN SEGUROLA

(1841 – 1847)

Lugar y fecha de nacimiento: En La Paz el 5 de mayo de 1805.
Profesión: Militar. Segundo Libertador de Bolivia.
Esposa: Mercedes Coll (inglesa).
Títulos y honores: Participante de la campaña del Guerrillero Quemes. Vencedor de Ingavi.
Exaltación al mando: 28 de septiembre de 1841.
Término del mandato: 23 de diciembre de 1847.
Origen de su investidura: Fue presidente interino y luego Constitucional.
Duración del mando presidencial: 6 años y 3 meses.
Fecha de su fallecimiento: 16 de octubre de 1852. Río de Janeiro, Brasil.
Causa de su muerte: Fiebre amarilla. Sus restos fueron repatriados en 1861.
Edad de su fallecimiento: a los 47 años.

ACTOS ADMINISTRATIVOS

Se caracteriza por mantener el alto prestigio de la República, perfeccionando el ordenamiento
jurídico. Crea el sistema educativo nacional. Lo trascendental fue la victoria de Ingavi que consolida la independencia y soberanía de Boliviana. Creó el departamento del Beni escuchando las sugerencias del explorador francés Alcides D`Orbigny y del geógrafo José Agustín Palacios. En 1846 se llevó a cabo el primer censo nacional de Bolivia, a cargo del estadista José María Dalence. Bolivia tenía entonces 1’400.000 habitantes.

RASGOS BIOGRÁFICOS

El 18 de noviembre de 1845 se estrenó el Himno Nacional boliviano, compuesto por el maestro Benedeto Vicente, sobre los inspirados versos de Ignacio Sanjinés. Su título más preciado es el de vencedor de Ingavi, campo donde infligió una aplastante derrota del ejército peruano que había invadido el país.

Nació en La Paz el 5 de Mayo de 1805. Hijo de Jorge Ballivián e Isidoro Segurola, como todos sus contemporáneos criollos, hizo sus primeras armas en el ejército realista, incorporándose a los 13 años al Regimiento “Extremadura”.

Poco a poco, sin embargo, fue comprendiendo que su lugar no estaba en las filas españolas, sino en las de los patriotas, por lo que tomó contacto con los revolucionarios incorporándose de Ayopaya a una unidad irregular de los rebeldes. Participó en el combate de Coloni y allí cayó prisionero de los realistas.

Cuando el Mariscal de Ayacucho llegó a La Paz, se puso a sus órdenes y fue destinado como oficial de batallón Granaderos de Colombia Nº 3. Probó su valora y su lealtad contribuyendo a sofocar la sublevación del batallón “Voltíjeros” contra el Presidente Sucre, que le distinguió con su deferencia.

Ya con el grado de Teniente Coronel, comandó el batallón 1º. Que era escolta del General Pedro Blanco, Presidente electo. Una orden del mandatario, destinándole a Tarija para alejarle de la capital, provocó la reacción de Ballivián, que en conjura con otros jefes militares, el día 31 de diciembre de 1828, provocó un amotinamiento,
sitió el Palacio de Gobierno y lo tomó, terminando por apresar al presidente Blanco que se había escondido y fracturado un brazo al hacerlo. Traslado el mandatario al Convento de la Recoleta en calidad de prisionero, y supuestamente para protegerlo, fue alevosamente asesinado por orden de los insurgentes.

A la muerte de Blanco, que sólo había ocupado el Palacio por seis días, asumió la presidencia interina el General Velasco, en tanto que Ballivián logró, como único beneficio, que se le destinara a una unidad acantonada en Sucre. Al asumir la presidencia el Mariscal Santa Cruz, fue ascendido a Coronel, a tiempo que se le confiaba el comando del Escuadrón Escolta del mandatario.

Comandó esa unidad por mucho tiempo, tanto que marchó con ella al Perú, secundando los avances del presidente que organizaba la Confederación, por lo que le fue dado participar en la batalla de Yanacocha, el 13 de agosto de 1825, a cuyo término y por auténticos méritos, fue ascendido al grado de General de Brigada. Sin embargo, su participación fue más activa y decisiva en la

siguiente batalla, la de Uchumayo, empeñada el 4 de febrero de 1836. era un infranqueable puente y puesto militar situado en una altura considerable, que se hallaba defendido por 3.000 hombre. El ya era General Ballivián atacó con su unidad de 600 efectivos y venció al enemigo capturando el fortín. Sólo tres días después, y pese a la herida recibida en Uchumayo, intervino también comandando su unidad, en la batalla de Socobaya, que fue otro triunfo boliviano.

En 1837, hallándose en el buque “Confederación”, surto en el puerto de Arica, fue sorprendido y hecho prisionero por tropas chilenas que atacaron esa nave. Ya en la prisión de Valparaíso, huyó de ella a los 45 días de haber sido capturado, asilándose en un barco francés. Poco días después pudo ingresar al Perú para reincorporarse al Ejército. Participó en la batalla de Yungay en calidad de comandante de la División del centro, acción que como sabemos terminó con una derrota y, por lo tanto, la desintegración de la Confederación Perú-Boliviana.

De retorno a la patria, Ballivián se declaró adverso a la Confederación, que en la práctica ya no existía, así como contrario al Protector, a quien se propuso derrocar; pero no era necesaria acción alguna, porque Santa Cruz, conociendo que la situación no le favorecía, dimitió el cargo de presidente, actitud que fue aprovechada por el General Velasco para asumir la primera magistratura.

En plena actividad política, Ballivián de aspirante a la Vicepresidencia de la República, siendo rechazado por el cuerpo legislativo que, más bien, le asigna un cargo diplomático. Ballivián empieza, entonces, su verdadero plan, proclamándose presidente con el apoyo de la guarnición de La Paz. El pueblo de La Paz también le apoya, pues no quiere a Velasco que, a raíz de la derrota de Yungay, cometió el error de dirigirse a los gobernantes chilenos felicitándoles por su victoria; la guarnición militar de Cochabamba también lo secundó indirectamente, pues, apresó al presidente Velasco apoyando a Santa Cruz que había dimitido. Poco a poco otras guarniciones respaldaron a Ballivián que se consideraba ya presidente. Cuando su situación no estaba aún consolidada, llegó a La Paz la noticia de una segunda invasión peruana comandada también por el General Agustín Gamarra. Ballivián que se hallaba en la frontera, tuvo oportunidad de conversar con el enemigo de Bolivia y trató de convencerle para que no consumara sus planes, pero, inútilmente, fue entonces que se dirigió prontamente a su ciudad natal, con alguna tropa que le seguía lealmente, u organizó rápidamente la defensa de la patria ocupada, en tanto que Gamarra, con fuerzas superiores, se apoderó de la ciudad de La Paz; pero se vio obligado a abandonarla por la creciente y peligrosa hostilidad de sus pobladores, especialmente de clases populares.

En las proximidades de Viacha, campo de Ingavi, se enfrentan ambos ejércitos. El boliviano cuenta con 3.1788 efectivos; Agustín Gamarra que había sufrido bajas en La Paz, tiene 5.190 hombres. Son las diez y cuarenta y cinco de la mañana del 18 de noviembre de 1841 cuando se inicia la batalla que se ha de prolongar por dos horas, al cabo de las cuales la victoria corona el valor de los bolivianos.

Los peruanos tienen 500 bajas; uno de los muertos es el propio Comandante en Jefe, General Agustín Gamarra; los heridos son 466; los prisioneros 3.200 soldados encabezados por el Jefe de Estado Mayor, General Ramón Castilla, veinticuatro coroneles, ciento cincuenta jefes y oficiales.

Ballivián, con esta gloriosa acción se ha ganado la Presidencia de la República que ya nadie le discute. A comienzos del año siguiente – 1842 – Ballivián acupa vairois distritos del Perú, firmando posteriormente, el 7 de junio, el tratado de Pisco que restablece la paz y las relaciones entre los dos países, aunque el mandatario comete el error de renunciar a toda indemnización.

Ballivián tenía pasta de estadista. Desde la presidencia, trabajó esforzadamente para logra algún progreso en el atrasado país. Creo el departamento del Beni; ordenó exploraciones en amplia extensión del territorio patrio; creó impuestos; fundió la Escuela Militar; aprobó el plan de enseñanza para las escuelas públicas; constituyó el teatro Municipal de La Paz. Hizo obras con los exiguos recursos del Tesoro Nacional.

Con estos antecedentes, el 13 de agosto de 1844, el General Ballivián fue elegido Presidente Constitucional por voto directo de la ciudadanía que le dio 7.331 sufragios de un total de 7.447.

Se le dejó gobernar y hace obras durante tres años más, hasta que el 6 de junio de 1847, el Coronel Manuel Isidoro Belzu, enemigo personal suyo, encabezó un motín de proporciones en La Paz, que fue prontamente sofocado. Este fue el comienzo de una serie de insurrecciones. Ballivián estaba cansado y los amotinamientos que se sucedían unos a otros, le convencieron, como él decía, de que el pueblo es ingobernable, por lo que, siguiendo los consejos de su inmediato colaborador, don Tomás Frías, dimitió entregando la presidencia al General Eusebio Guilarte. Es el día 23 de diciembre de 1847.

El mandatario renunciante permaneció unos pocos días en el país y luego se dirigió a Chile, después al Brasil, donde al igual que sus enemigos ahora en el poder, se dedicó también a conspirar,
sin éxito alguno. Digno de destacar es el hecho de que Ballivián, pese a que al subir al poder gozaba de una consecuencia, le atacó la fiebre amarilla, de peste en el país, muriendo extremadamente pobre y abandonado, el 16 de octubre de 1852. A su entierro asistieron sólo 13 personas, todas ellas exiliados bolivianos.

En el gobierno del Presidente Hugo Banzer Suárez, se le honró póstumamente confiriéndole el más alto grado militar: Mariscal de Ingavi. RASGOS FÍSICOS

El General Ballivián era alto, y de gallardo continente, aunque un tanto metido de hombros. Su figura era imponente. Una barba redonda, espesa y negra rodeaba su rostro, que tenía el color sonrosado, al que realzaban dos ojos negros de mirada napoleónica.

Montaba un hermoso corcel blanco. Envuelto en una capa lacre, con la pluma tricolor en el tricornio, se veía imponente y majestuoso. Durante la batalla de Ingavi destacó su profesionalismo de militar de carrera y uno de los

mayores estrategas que tuvo nuestra patría.

ARENGA DE LA BATALLA DE INGAVI

“Soldado: a los enemigos que tenéis al frente, los veréis desaparecer como las nubes cuando las bate el viento”.




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